Cuento de Verano



Pese a todo sigo ardiendo y esperando en espiral.

Entre lo que el tiempo dicta, sangra y recrudece.

Sobre lo que el cuerpo labra, escupe y

 Agita.

 

¿Quién nos dicta, desvariando siempre un poco, lo que en tinta el alma refracta en un papel?

Quien también nos da la llave del candado sideral,

 Y después desata esa bruma que nos obnubila y nos enfrasca.

¿Quién nos tiende una mano entre el barro que hasta el cuello nos sumerge?

Las palabras, los afectos

Y la fuerza.

 

Y pese a todo sigo ardiendo

 Solamente por curiosidad.

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